Lucía Levy

“Soy como Johnny Cash. Sólo uso negro”, desliza Adele con su delicioso acento inglés al entrevistador del Daily Mail allá por febrero de 2009. “Me gusta verme bien, pero siempre prefiero la comodidad antes que la moda”. Esa es la nueva estrella del new soul: una chica de apenas 23 años con ojos perfectamente redondos y verdes, a veces fumadora, a veces coqueta y siempre talentosa.

Ella encarna con una sencillez y serenidad difíciles de ver en el mundo de la música actual todo lo que los amantes del sexto arte buscan: hace lo que mejor le sale, canta, lo disfruta y lo siente. Simplemente eso. 

A diferencia de íconos pop como Madonna, Rihanna o Britney, Adele nunca necesitó de accesorios bling-bling como bailarines, coreografías imposibles, fuegos artificiales o sintetizadores para que la audiencia no dude ni un segundo en ponerse de pie luego de escucharla llorar con su tan sonada “Someone like you”. Y es que allí reside el encanto de Adele: ella no es como las demás. Es mejor. Más poderosa, más intensa.

Su poder – ese que la hace única - habita en que hace lo que quiere, sin pedirle permiso a nadie y sin adaptarse a los crueles mandatos que rezan que “hay que ser flaca para ser exitosa”. “Nunca me sentí insegura con mi cuerpo, nunca”. Si mi marido se atreviera a llamarme gorda, lo mataría sin dudarlo”, le dice al Daily Mail. “Nunca tuve problema con mi imagen. Prefiero siempre comer con mis amigos antes que perder tiempo en un gimnasio”.

Hace unos días, el genial diseñador Karl Lagerfeld (Chanel) tuvo la osadía de decir que Adele "tendría que bajar unos kilos". Adele ni se inmutó, ¿quién es él para decirle lo que tiene que hacer? Ella tiene el poder, ella es la heroína que todas las mujeres del siglo XXI esperábamos y es un nuevo ícono fashio porque ella se ama tal cual es, sabe cómo explotar su sex-appeal, y la confianza en sí misma la vuelve irresistible.

Un combo explosivo: talento, belleza real, ganas de progreso. A ella deben imitar las miles de adolescentes, a ella deben copiar las miles de mujeres que hoy no se sienten cómodas con sus cuerpos. Mírenla. Es Adele.