Desde siempre, el período de menstruación ha sido considerado tabú, un hecho que a pesar de ser totalmente natural, las mujeres sienten que deben ocultar. Las publicidades de toallitas femeninas evidencian esta censura, al igual que las palabras que se utilizan para hablar sobre la menstruación: se dice 'estoy indispuesta', como si tener el período nos imposibilitara de hacer distintas actividades. 

Para ir contra lo establecido, distintos grupos feministas y artistas expresan su rechazo e intentan naturalizar la menstruación. En España, por ejemplo, un grupo de mujeres salió a la calle con pantalones blancos manchados con sangre menstrual. El objetivo, dijeron, era dar a conocer la censura que tapa el ciclo menstrual. La protesta se enmarca en la crítica que se hace desde la perspectiva feminista al sistema patriarcal que “oprime” a las mujeres durante la menstruación y les impone vergüenza y censura por el hecho de vivir aquel proceso. Esta protesta, cuyo manifiesto reza “Mancho pantalones y no estoy enferma”, se plantea como un acto de desafío político y muestra una evidente inquietud de los sectores feministas respecto al debate.

El año pasado en Chile, la artista Carina Ubeda presentó Paños, una instalación artística que contaba con 90 paños de tela manchados con sangre de menstruación. “Yo quise trabajar el pudor, y el pensamiento que se tienen sobre la sangre menstrual”, contó. “Este es un óvulo muerto, si hubiera sido fecundado, habría un nuevo ser humano, ahí hay ADN mío, y de mi padre y de mi madre”, agregó Ubeda. Por su parte, la fotógrafa Emma Arvida Bystrom causó un gran revuelo con la serie "There Will Be Blood", que fue publicada en el portal Vice. Las fotos muestran a mujeres a haciendo actividades cotidianas con un detalle en común: todas están manchadas por su sangre menstrual. 

Julia Larotonda es una artista argentina que reside en Brasil. En 2012 lanzó una línea de cuadros hechos con tinta china y su propia sangre menstrual. "Yo trabajo con la conexión de la mujer con la menstruación consciente y una de las cosas es sacarse esa cosa del 'ay, qué asco mi menstruación'.  Es importante el contacto con nuestra sangre, no tratarla como algo descartable. El problema de nuestra sociedad es que todo se tira. Y la mujer, tirando algo que lleva trabajando dentro de su ser 28 días sin hacer ningún ritual, tirándolo a la basura diciendo 'ay, qué asco, huele a podrido'. Nos estamos separando de nuestra feminidad con eso. La idea de pintar con la sangre menstrual es justamente volver a tomar contacto con lo sagrado que es poder menstrual", explica Larotonda.